Dice un
viejo refrán español que ‘de bien nacido es ser agradecido’. Yo, Francisco José
Paredes Rubio, como Director del Certamen Nacional de Saetas “Ciudad de La
Unión”, no tengo nada más que palabras de agradecimiento y de orgullo por lo
que ha supuesto el desarrollo de la presente edición del concurso.
Fue hace tres años, cuando mi
querido amigo, Domingo Alajarin,
entonces Hermano Mayor de la Ilustre Cofradía de Cristo de los Mineros, apostó
por mi para relanzar un certamen, que en aquel entonces estaba en horas bajas,
y confiar en las renovadas propuestas que entonces le ofrecía. Sabíamos todos
que sería una tarea difícil, un toro muy complicado de lidiar. Muchas gracias
Domingo pues gracias a ti pudimos desarrollar este trabajo, eres muy grande.
Nuestro actual Alcalde, Julio García,
entonces Concejal de Cultura del consistorio de La Unión, que asistiría a esa
reunión en la que, mientras tomábamos un café en el Vinagrero, depositó toda su
confianza en nosotros y puso todas las facilidades posibles encima de la mesa
para hacer posible el resurgimiento y renovación del Certamen. Fue entonces
cuando no lo dudamos ni un momento.
Este concurso es fruto de la
apuesta desinteresada de estas dos personas que me animaron, y confiaron en mi,
y a los cuales quiero agradecerles enormemente sus buenas intenciones. El
concurso contaba con el beneplácito del entonces Alcalde Paco Bernabé, que
también se volcaría de lleno en el proyecto.
Muchas
fueron las personas que apostaron por el certamen, desde el antiguo Párroco al
actual, Don Gines Luis Vicente Blasco. Todos ellos pusieron a nuestra
disposición el sagrado templo del Rosario para que pudiéramos darle el impulso
definitivo al certamen y que el canto flamenco de la fe pudiese estar en el
verdadero lugar de origen de su existencia.
Importantes
saeteros-as y cantaores-as se inscribieron en el certamen de aquella primera
edición de la nueva época (realmente era la XXII), la onubense Ana García Caro,
resultaría la ganadora del primer premio, en una final cargada de excelentes
interpretes y artistas.
Beatriz Romero, de
Palos de la Frontera (Huelva), se convertiría en la siguiente ganadora del
certamen. Nuestro Templo se consolidaba como sede y nos aportaba esa sensación
de grandeza que, como no podía ser de otra manera, hacía creer cada vez más en
el evento.
Este
año, con el impulso de las dos ediciones anteriores, el concurso ha madurado lo
suficiente para dotar, un poco más si cabe, de exquisitez a nuestra Semana
Santa. Mi aplauso a todos los finalistas que lo hicieron de forma inmejorable
en la final del Miércoles Santo.
Muchos amigos y amigas se han
volcado de forma desinteresada por este evento, que creemos se ha convertido en
una referencia destacada a nivel nacional, desde Ginés González Martínez en la organización, pasando por los grandes
flamencólogos Enrique López Fuentes y Antonio Parra Pujante que tanto el pasado año como este nos ha
honrado con su colaboración y desinteresada ayuda. Leandro Bermudez y otros
amigos y compañeros que formaron parte del jurado en anteriores ediciones. Sonia Hernández y Virginia Rosique que con su presencia en esta edición nos
han ilusionado como sólo lo saben hacer esas personas preparadas, pero sobre
todo esas buenas personas, que han colaborado en esta edición y que lo seguirán
haciendo en el futuro, demostrando así que el Flamenco, el de los
verdaderamente entendidos, no es labor sólo para unos pocos, que detrás
viene una generación excelente empujando fuerte, con enormes ganas de trabajar
y de colaborar desinteresadamente en pro de nuestra tierra, de nuestra cultura,
de nuestro flamenco y de nuestra Semana Santa.
También quiero agradecer a Lola Martínez excepcional periodista que este año ha
colaborado como presentadora del certamen, dando un inmenso toque de
profesionalidad al mismo. Muchos pueden presentar, muchos pueden hacer radio,
pero muy pocos tienen esa voz de radio y esa profesionalidad, y nuestra querida
Lola las tiene.
A mi Gema que siempre está
dispuesta a colaborar por hacer que todo transcurra de la mejor manera posible.
A mi mujer Isabel María Meroño
Martinez y a mi
hijo Francisco José Paredes Meroño que me acompañan por los balcones, haciendo
de este evento algo realmente suyo, colaborando como estupendos relaciones
publicas con los artista que nos acompañan.
A los tres premiados, pues
puedo asegurar que todos estuvieron magníficos. Si en la iglesia llegaron a
emocionarnos, en la procesión estuvieron sublimes. Gracias de verdad a Victor Palacios, tercer premio que impregnó de jondura
el balcón de la calle Real, Lucía Leiva, que
estuvo magnífica, interpretando una saeta en la calle Quevedo que hacía
estremecer de emoción a los oyentes, si me lo permitís fue como decimos en el
argot flamenco un Saetón, con un cambio que nos hizo emocionar a todos, y por
supuesto a la ganadora Isabel Guerrero, cuya
interpretación de sus dos saetas, tanto en la noche del miércoles, en la
iglesia, como en la del jueves, en el balcón de nuestro Ayuntamiento, fueron
excelentes, rayando a gran altura, pero sobre todo sería en el encuentro de
nuestro Cristo de los Mineros con su madre, en la puerta de la iglesia, donde
rota de emoción y desbordada de pasión, esa pasión y amor por La Unión que
siempre le inculcó su padre el gran “cantaor” Cristobal Guerrero “Barquerito de
Fuengirola” quien fuera Lámpara Minera en el 1975 además de infinidad de
primeros premios en el certamen, nos brindó la oportunidad de vivir algo
mágico, nos brindó la posibilidad de escuchar una de las mejores, si no la
mejor saeta que se recuerda en el encuentro de nuestra procesión y una de las
mejores, sin ninguna duda, de las cantadas al Cristo en procesión. Con la boca
abierta, el estomago aguantando la pena y dramatismo que da la emoción del momento,
cayendo las lagrimas por su cara, con su padre en la cabeza, volcando su amor
por La Unión y por nuestro Cristo, en ese encuentro divino entre la mujer y el
Cristo, entre quien es madre y “cantaora”. Fue algo verdaderamente divino,
difícil de olvidar, porque creo que pasará a la historia de nuestro certamen y
nuestras procesiones. Sin duda, digno homenaje a su padre y al pueblo que lo
hizo grande.
Sigo con los agradecimientos a
la Mesa de La Cofradía con su Hermano Mayor Juan Antonio Pérez Campillo a la
cabeza, al José Martinez Rubio, de laBanda Cornetas Y Tambores
La Caridad, que siempre está volcado de forma
desinteresada en este evento.
A los fotografos que dejan
memoria gráfica del certamen Antonio Meroño Clemente, Paco Silvente, Juan Cervantes Lopez… Rufo Martínez por las grabaciones.
Y sobre todo a la persona que
trabaja junto a un servidor en este proyecto, de forma anónima, con un trabajo
incansable, durante meses, para que todo salga con la calidad que nuestra
ciudad y nuestra Semana Santa merecen. A esa persona con la que, durante meses,
paso noches y noches conectado durante horas, cada uno desde su casa hablando
por teléfono, con el ordenador encendido, trabajando en línea, sin descanso,
con el único objetivo de que todo salga genial. A Onesimo Samuel Hernandez Gomez, mi querido y admirado
compañero de viaje, que siempre está dispuesto a trabajar, sin pedir ni exigir
nada a cambio, solo con su constancia, grandeza y amistad. Te quiero amigo!!!
Muchas
gracias a todos quienes hacen posible la celebración de este evento, porque
estoy convencido de que estamos a las puertas de algo muy grande, que ya hemos
conseguido entreabrir entre todos.


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